Ven aquí, Satán, siéntate a mi lado
y dime que hoy no has hecho algo malo.
Dime que ves el hambre que tiene la gente,
y que ya has pensado como remediarlo.
De ti me dijeron "No tiene remedio",
y aquí te has quedado, mirando, mirando.
Tu blanca sonrisa se apagó hace rato.
Parece que triste te has puesto al hallarlos.
¿Este es tu triunfo? ¿Negarás tu obra?
¿Me dirás acaso que nada es tu culpa?
De ti me dijeron: "Es malo y le gusta
que el alba del hombre arda y se consuma."
Y aquí un pueblo entero se incendió y gemía,
los niños tan fríos, los caballos yacían.
No llores, demonio. Pequeña manzana,
no dije que fuesen tuyas estas faltas.
Si ha sido el hombre quien se abalanzara
como un huracán sobre las moradas.
¡Quien pudiese negarlo! Decir: "¡Es mentira!"
"¡No ha sido mi mano la que los matara!"
No llores, demonio. Tu cabeza calva,
tus ásperos cuernos, no te han condenado.
La maldad del hombre, la que enciende el aire
y rompe la sangre, sale de sus manos.
Y tu, buen demonio, aquí como un río,
siempre te me quedas, mirando, mirando.
miércoles, 14 de marzo de 2018
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