domingo, 31 de mayo de 2015

Petunia se descubre desde la ausencia y la rutina.
Sus grandes ojos claros se entienden cuando dice
que nos desprecia a todos y que quiere dormir.
y gruñe porque el agua le mancha la paciencia.
El tiempo no atraviesa su cabellera pálida.
Petunia tiene el agua en la sangre y el paso.
Tiene la bestia oculta en la sombra que baila.

Julián se piensa en términos de cadena y tristezas,
de muros y aventuras en el barro y el miedo.
Se entiende cuando ladra inesperado
a la Luna en una noche oscura.
Solo se entiende cuando su uña roma
se descubre en el barro y nos revela
la bestia torpe y tonta que cree en el refugio
y en la voz de la mujer menuda.

Amarillo es el gato que llora en la penumbra,
que quiebra el aire opaco con el gañido ronco
de su voz desgarrada en un llanto feroz.
Caminando dormido, lleva el sol dentro suyo
prometiendo que un día brillará repentino
hasta dejarnos ciegos de dolor compartido.

Es mínima la gata que vuelve a descubrirme
cuando regreso a verla, extranjero fugaz.
Esta hecha del aire que pesa en la inocencia
y duerme solitaria en una vieja alfombra.
A donde vaga nadie le alcanza la penumbra,
si llora nadie sabe de su tristeza oculta.

Los demás ya se han ido y van delante nuestro.
Tuvieron días de gloria que apenas se recuerdan
cuando en un viaje largo ya no nos quedan temas
y entonces nos traiciona una leve memoria
de ufanas lagartijas escondidas dentro de los armarios.


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