Nemuri-Neko

Fue tallado hace años, él no despertará.
Cuando quitaron el peso del árbol quedó solo
y dormido, más ido que una estatua,
no abrirá los ojos, no perderá el aliento.
No saldrá a conquistarse amores ajenos.

No volverá a comer ni a usar las uñas,
quizás el sueño lo mantenga eterno.
No verán las palomas saltar sombras.


Dejo huellas repletas de murmullos, agito
el aire de los árboles para dormirlos y para despertarlos,
completo las sombras de las hojas,
completo mi espacio con el aire,
completo tu aire con mi aire,
no tengo más que estos brazos frágiles
y este rostro desnudo.
Estoy tan solo
que busco multitudes,
que pido tu presencia, espero
que te quedes, me acostumbro
a seguirte y comer adentro de tu sombra.
No tengo nombre que conozcas, no tengo
aroma que puedas ambicionar en vidrio,
soy parte inevitable de los edificios, puedo
permanecer y renovar mi especie. Tengo tiempos
que aún no se agotaron, que vendrán resembrados.
¿Ya tengo nombre?
Lo encontraré en el suelo de la plaza,
más allá de la luz estará verde.


Yo recuerdo la lluvia,
cuando yo no nacía todavía,
como una túnica gris de la tristeza
y como alivio grato al peregrino.

Cuando en la catedral llovía
como una torre más, pero de lluvia,
para que dios tuviese parte en la obra
con sus gotas azules sin memoria.

Cuando la lluvia se cubrió de sangre
y fue a esconderse donde no la vieran
con su vergüenza roja.

Y recuerdo la lluvia donde nunca estuve,
porque la visto gris bajo las nubes
y verde entre las hojas
y, junto a la tarde, roja.

Toda la eternidad cabe en la lluvia.


"¿Con quien estás hablando?",
le decía mi vecina a su perro
cuando ella llegaba a casa 
y él lloraba quedamente tras la puerta. 

Días de otro calor que ya no están. 
Quedó vacía, la casa se levantó 
y subida a un camión se fue una tarde. 

Se van las voces y los días, 
como si fuesen de agua 
dejaron lavada la puerta dormitando 
en la paz penumbrosa que llegaba. 

(A veces dejo entreabierta mi penumbra, 
y pareciera que llora el perro esperando 
que venga esa costumbre de cariños.) 


De un hombre que era malo y se murió.

Cuando murió fue condenado a vivir en un zapallo, 
a ser oruga y viento, a tener alas, dolorosa
y augusta mariposa, fue atrapado en las redes de la araña,
fue cubierto de esquinas, fue ceniza,
y luego fue madera, y fue hoja y rama, y hoja y rama secas,
cayó cuando no hubo más que sol y arena,
repitió cada aroma de la selva,
esgrimió las antenas de la hormiga,
se completó con agua de la lluvia,
se durmió custodiado por las focas.
Recorrió las llanuras del abismo
donde las luces no huyeron y venían
a verlo caminar perdido
entre la inmensidad de su abandono.

Se halló de espíritu flotando
y no tuvo horizontes disponibles.
Se halló durmiendo suspendido en la luz
y no tuvo reposo de su altura.
Allí fueron a cruzarlo los gatos que salían
maullando de tan idos y enamorados
inaccesibles de tan ajenos.

Tuvo respiración y aroma nuevos,
se abrió como una flor que sabe
que tiempo es y que tiempo inaugura.
Lo despertó solo la luz que reía en los umbrales,
entendió sin saber cuando entendía.
Y se durmió en el humo de las velas.


Impresiona tu fe y tu grandeza
tan solemne y tan bella.
(Se parece a una piedra que no fuese construida
y por si sola se eleva. Queda en la tierra
oculta de todos la amplitud de su cuerpo.)
Cumples en el mundo tu función,
gira tu porte y respiras
donde las hierbas te contemplan.
Murmuran a tu sombra sus alegrías.

No aspires a tu rol de guardia y carcelero,
a tu sombra la tierra inaugura sus túneles,
tiembla de tan viva aunque parezca muerta.
Los hombres te elevaron un día ya olvidado,
después se marcharon. Se fueron construyendo
sus altas y calientes ciudadelas de encierro.
Estabas destinado a ser su tapia,
eras como la línea por la que Rómulo se cortó las manos.
Cuando se enteren que ya los traicionaste
vendrán con martillos y palas a quebrar tus raíces.
Este largo silencio con la tierra no les pertenece.

De tu difícil muerte podrá verse
los escombros esparcidos en el suelo.
(Ni siquiera los árboles logran borrar tus huellas
porque el ladrillo es como un grito enroscado.)
Sucede, en ocasiones, que la muerte dura más que las vidas.