Los perros son los mejores alumnos,
vienen a todas las clases,
aprenden los horarios,
llegan temprano
saludan
son corteses
murmuran sonriendo
no pelean por las sillas
sacuden su miseria
no ladran bajo la mesa
no malgastan papeles
no ensucian los salones
no se roban la tiza
aprenden
cualquier cosa
todo aprenden
escuchan
son como arboles jóvenes
que crecen solamente en el silencio
y un día de lluvia acaso
no vienen
están dormidos en algún escondite
se quedaron varados a mitad del camino
los distrajo la calle que se hundió en el barro.
Después vienen temprano para la clase próxima.
Y son hoy doblemente amables por esa falta.

Cuando llegue diciembre se quedaran sin tiempo
buscándonos en las puertas cerradas
en las ventanas mudas
empezará la espera que los hará olvidarnos.
Y quizá nunca nunca nos volvamos a ver.



ahora en una prisión alguien está matando a alguien,
y la velocidad es innecesariamente

ahora mismo que usted está sentado, o parado, o flotando.
Ahora mismo que yo no estoy ahí,
o que ya no estoy en ningún lado
porque me he ido, por que ya fallecí,
porque me olvidé de esto que escribía

y no olvide que esto no es un poema,
si no apenas una declaración de circunstancias


Ha sucedido, la primera lluvia de este otoño llega.
Hoy acabará el verano que aún no lo sabe.

Me recuerda que acaso ha pasado otro año
y me acerco a la muerte,
que me hago más viejo,
que me quedo más solo.
Que quizá este año sea igual al otro.

En realidad, la lluvia
ignora que la espero. Ella
no sabe nada
más que solo su andar y su caerse.
No me conoce y puede seguir viva
más allá de mi espera transparente.