martes, 14 de abril de 2015


Este siglo se está haciendo de promesas
que no parecen muchas que se cumplan
y va creciendo sobre la tormenta.
Este siglo se come al siglo XX
y nos escupe los huesos en la historia,
nos deja lápidas y nos roba las glorias.

¿Como asistir impunemente a la derrota?
¿Como perder tan en silencio a los poetas
y a los sobrevivientes que nos quedan?

Este siglo, comienza en la matanza del recuerdo.
Nos llora y nos castra para sucedernos
como si el dios nunca acabara de rendirse,
que nos repite cada año el viejo augurio
de la derrota final de las victorias.

¿Como reír cuando nos van quitando las auroras?
Estaban viejas y les llegó la hora.
Somos mortales, lo sabemos, lo sentimos.
Pero a ninguno de los nuestros nos agrada
que así nomas, en plena madrugada
cual dictador de circo mal habido,
vayan cortándonos como cenizas nuestras alas.

Déjenlos un tiempo más, nos enseñaron
que el día vale por sí la vida entera.
Eran mejores cuando estaban con nosotros.
Si los mataran, solo vendría la pena.

Matarlos, levantaremos su memoria
como esas viejas nubes de recelo
con que cuidamos los altares que sabemos,
nunca serán de nuevo en todo su esplendor
pero no perderán los libros sus palabras.
En esta hora amarga su nombre se ha hecho eco.

No los mataron nuestros mejores dictadores,
sobrevivieron los campos de la quema,
estaban viejos y achacosos pero vivos.
Solo nos olvidamos del Destino.

Pero gracias, por venir a recordarnos
que a cada quien valiente que se esfuma
tenemos que erigirle una palabra
que lo recordará cuando seamos
todos palabras muertas, pero vivas.


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