Yo escapo. Paso mis días huyendo
del pasado, los presentes y algún futuro.
Soy un hereje, un bandido, un solitario
en varios sitios donde no quise estar y aún no quiero.
Digo que no al hombre que en mi habita
y como un hongo que en márgenes se extiende
buscando esos desprecios que suceden,
ya pareciera que inevitables son a veces.
Digo que no como se dice a un hijo al que se odia
y al que no se puede evitar sin dejar abandonado
lo que en uno mismo habita todavía.
Escapo a la ironía, al desatino, a la ambición
que se cumple en el sueño, el agua o la comida.
Escapo bruscamente alguna tarde al sur
o cuando extraño existencialmente el otoño,
voy a buscar una melancolía
como una flor o un caracol de lluvia:
dos minutos de sol en la llovizna.
Digo que no a mis miserias honestas,
las que revelan lo que uno habita.
Digo que no y luego cuando duerma
han de venir a acurrucarse encima.
En sueños levanto alguna mano,
solo la oscuridad me escucha y niega auxilio.
lunes, 27 de marzo de 2017
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