lunes, 27 de marzo de 2017

Es cierto. Yo podría
escribir sobre irrealidades necesarias,
pero es que hoy llueve
en Resistencia
y hacía tanto tiempo que extrañaba este otoño.

Me gusta el frío que viene, con sus maneras toscas,
el silencio dormido de mis vecinos solos,
el patio decadente con un tendal vacío.
Que afuera de mi puerta llueva sobre miserias;
solo la lluvia puede cubrir toda la tierra
y lavarla de ella misma.

Se que hay dolores y destierros,
en el lejano Oriente,
(a mi todo el oriente se me hace lejano),
que se cocinan bombas cuajadas de metralla
y existen condenados que en esta hora esperan
de buena suerte un pasillo,
en mala hora un calvario.
Que siempre hay dictadores sonando sus medallas,
y un resto entre los montes de pobres olvidados.
Que más allá de Europa, donde acaban las luces,
una estirpe de antiguos caminantes se despiertan
y salen de sus tiendas para empujar los renos a la incipiente primavera.
O que aquí, dentro de América la profunda,
alguien conspira, alguien respira vapores de mercurio
en una mina chilena o los bajos de Mexico D.F.,
alguien recita a Lorca en un video,
alguien recorre la ciudad armando pilas
con bolsas de basuras,
cadáveres de perros,
manzanas en un campo.

Todo lo se. Estoy despierto
y miro a la distancia una calle de China.
Todo puedo saber, todo he olvidado.
Descubro hoy que mi grillo vuelve a cantar al baño.


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