sábado, 11 de marzo de 2017

Nosotros fuimos niños muy tiernos, presentables,
a veces elegantes.
Pero el ya tenía un aire de leyenda.

Nosotros nacimos de padres y de madres
en blancos hospitales con luces de neón.
Pero el ya tenía una espantosa historia.

Nosotros somos niños de fotos apagadas,
con cabello enrulado y ojos color marrón.
Pero el tenía marrón el traje y el chaleco.

Nuestros nombres de santos y de abuelos
repiten una antigua tradición ancestral.
Pero Julián despierta un viento en carnaval.

Julian saltó los muros de la severidad
y pisoteo los charcos del hambre y de la Luna.
Anduvo donde nunca hubo huella mortal
y volvió de la hazaña con historia y refrán.

Nosotros enfermamos de fiebre en el invierno,
pero el gastó los dientes contra el hierro cruel
y en un descuido efímero cruzo las avenidas
para encontrar acaso a su novia perdida.

Probó las desventuras de la sangre
y el té melificado de la tarde
para en la ancianidad mirar la calle
con el rostro curtido y aun la cola erguida.


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