martes, 14 de marzo de 2017

"Mi triste y desolada condición de peregrino de los siglos..."

El Eternauta - F. Solano López; H. G. Oesterheld 

Cuando terminó la guerra y Príamo estaba muerto
yo volví por el mar de isla en isla
y nunca me había costado tanto recordarme tus ojos.

Traje en el cabello sal y plumas de una gaviota muerta,
y caracoles de una isla sin árboles donde encalló mi nave
cuando una tarde sin estrellas sin vientos no supe a donde ir
con la extensa pena del que busca en el aire el camino.

Yo volví por el mar de isla en isla
para encontrar la piedra roma donde yaciera Argos.
Fue como al llegar el viento previo de la tormenta,
cuando todo aspira su presencia y se contiene;
yo estaba bajo y mudo. Me dolían tanto las rodillas.

Veinte años atrás bajé al puerto, me até un cordel a la cintura
que se ciñó como un herraje a un mástil.
Cuando aquel barco se fue a pique, con el caí al océano.

Yo volví por el mar, de isla en isla;
y aquello fue lo único verdadero.
Si Poseidón me cubrió los brazos con sus dedos
y si Atenea se levantó a mi paso;
no los he visto. Me perdí y buscaba
este largo volver. He inaugurado
la ruta salobre y aventurada del peregrino cotidiano.

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