domingo, 2 de abril de 2017

Primera frase robada al antipoeta Nicanor Parra:

"Los poetas bajaron del Olimpo."
Manifiesto

Los poetas bajaron del Olimpo
y allí dijeron que no quedaba nada.
Que de las musas solo la ceniza,
de las estatuas ni tan siquiera la mirada.

Y subí el último a ver esas verdades
y descubrí blancos salones olvidados,
una coraza de hierro vuelta herrumbre,
una caña sangrada de su tinta,
una lombriz huida de nuevo al laberinto,
un viento en la boca de un mendigo.
Un busto de Homero sin los ojos
y con la boca abierta del ahogo.
Dos nubes incendiadas con despojos de luz.
Y un caracol solemne en la llovizna.
Ahora quedaban las migas broncíneas del laurel,
el otrora ovalo magnífico del escudo,
una letra quebrada en una tumba,
dos versos solitarios repetidos.

Los poetas bajaron del Olimpo.

Fueron a ver las calles sucias ciudadanas,
y se envolvieron en banderas guerreras
hasta que todo el horizonte era una lucha.

O abrazaron la causa de las letras,
con una estática luz de la justicia
que les guió el pulso en una estela:
dos mil años después sus voces estarían
como atlas de verdades eternas.

Y hubo quien renunció a todo, dio dos pasos,
cavó un agujero en la paciencia,
se mordió sin rabia las rodillas
con el silencio de las permanencias.

Los poetas bajaron del Olimpo
y dijeron que allí arriba ya no quedaba nada,
más que una colección de mariposas secas
y una montaña de billetes falsos.

Pero yo subí después que ellos,
y aunque era verdad lo de las mariposas
que estaban secas como los alfileres de sus muertes,
en los billetes alguien había escrito
"Estos días azules y este sol de la infancia",
o aquella otra que escuché hace tiempo:
"Dame limosna, mujer, / que no hay en la vida nada,
como la pena de ser / ciego en Granada."

Y detrás de montones de basura había también jardines
invadidos por ríos de zapallos florecidos.
Todos los amaneceres de la Tierra registrados,
todas las noches que no tuvieron lunas ni eclipses,
todos los escarabajos que murieron quebrados.


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