lunes, 16 de octubre de 2017

René Godoy tiene seis dientes en la boca
y una expresión de tierra chamuscada.

Son los albañiles, que con el sol levantan
las vigas de los árboles, las paredes,
los pasajeros pilares de la tierra.
Sus obras verán otras vidas dentro de ellas,
las mirarán dormir e irse.
Moldearán las costumbres de los niños
o el sopor y la ciencia de los árboles.

René Godoy pertenece a esa estirpe de hombres
que toman barro y piedra
y en la noche se acuestan en la sombra de las ciudades
y en la mañana marchan dentro de ella
convirtiendo muros antaño firmes en escombros
y la sed del cemento en su cimiento húmedo
que escondido en la tierra murmura.
Se duerme y el musgo viene a devorarlo como un caracol.
Entonces cuando viejo, vienen los albañiles renovados;
pican y cavan hasta sus raíces,
arrancan las varillas de hierro oxidado
y quiebran el cemento ya vaporoso cuya piel se desmiga.
Remueven la tierra y urden un orden nuevo,
de barro, madera, piedra y vidrio.
Se trepan al viento adormecido sobre el pasto
para poner ventanas contra el cielo, y pilares
a semejanza de árboles o parecidos a un barco desplegado.

René Godoy parece un hombre anciano.
No el venerable dios de barba pálida
cuyas manos y anillos cuidan un tiempo ausente.
René Godoy es indio y negro, criollo
cocinado desde la tierra misma
emerge desde el polvo bajo el sol más caliente.
Enjuto y renegrido, parece un palo viejo
que emergió joven y grácil de la tierra
pero cayó en el río y este lo llevó lejos.
Lo cubrió con sus aguas enturbiadas,
lo enterró en la piel del barro,
lo devolvió al aire duro y sucio
de todos los rincones de la vida.

Agachado en la sombra de la casa
que levanta y conoce en sus rincones
puede hablar del mundo como un ladrillo
que ha sostenido a todas las columnas.
Cobra gracia cuando habla alto
y su rostro moreno se sonríe
sobre la tibia esquina del pasado.

En el cigarro humea su persona,
en el ceño balancea un recuerdo.
Cuando extiende su brazo pareciera
que atraviesa el viento hacia el silencio
donde eran jóvenes y los muros dormían en la tierra.

Es la más vieja de todas las criatura
que tomó el barro e hizo un nido,
y luego acumuló sabiduría
de la que sirve para construir más nidos.


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