Ella ha venido fría,
desde la oscuridad de las esquinas.
Abre un libro al azar y me lee en voz alta
las más viejas palabras que ha encontrado
entre el sueño pacífico de mis libros.
Ella puede ocupar los espacios
susurrándose las cosas que no digo;
puede buscar entre las miles de cositas,
todo lo que se me acumula sobre la vida,
para encontrarme anécdotas que he olvidado.
Que miles de papeles y molestias,
que miles de cositas he juntado.
Son como las tortugas de una playa
que al tocarlas el sol han despertado
y ahora fluyen al mar desesperadas.
Me aburro y quejo a solas,
soy el más olvidado de los hombres
que esta noche he salido a la calle
y el mundo no me miró la cara.
Pero ella es tan fría y tan liviana,
que donde yo creo ver aire va y se duerme,
mi pobre soledad, de mí aburrida.


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