En cada gato existe un misterio infinito
de no saber que habita mas allá de sus ojos,
que razones le impulsan la cautela y la gracia.

Se esparcen por las horas del día.
Algunos monopolizan los pasos de la noche
pero otros se muestran en la tarde
absorbiendo vibraciones de la luz
fatigando los ojos se duermen al sol.

Algún consumido de vino los llamó femeninos.
Nada más lejos y nada más errado.
Quien mezclo tan diferentes ámbitos no ha visto un gato nacer.
Se rompen de un quejoso desprendimiento de la vida
y nada es tan profundo como su primer grito.

Mirad bien. No existe en su gracia carácter femenino
ni tienen en su cola un vibrar de varón.
Son algo indefinible. Quizá están hechos 
del ser incognoscible que buscaba Platón.


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