No me gusta el poeta que repite verdades
y que olvida el detalle que existe
en la mirada de la tortuga sucia,
o en la angustia del gato adormecido.
Y menos aún aprecio a quién escriba
sobre el amor, la vida o los rencores
quince líneas que se olvidan después de ser leídas.
Cuanto me aburren los datos inconexos
y falaces de la mentira poco construida,
una pila de piedras sin destino,
como un cartel desnudo de camino
o un camino sin polvo.
Porque me gusta más el perro cuando ladra,
no por maldad, ya no por arrebato;
apenas y nomás, ya por oficio.
lunes, 18 de diciembre de 2017
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