domingo, 17 de diciembre de 2017

" (...) esto es amor, quien lo probó lo sabe."

Soneto 126 (Lope de Vega, 1602)

Abro la boca y viene el mundo
y me vierte en el labio una gota
donde bailan las ninfas del océano.

La matemática de sus disposiciones,
la geografía y el alcance geométrico
o la conjunción de anatomías se nos escapa.
Solo los sabios pueden avistar los círculos
y recordar la música del universo
que entre moléculas permanece escondida.
Solo quien se incline sobre el torrente
que los papeles guardan orgullosos
perdidos hoy, mañana descubiertos
ante el lento rumiar de la ciencia,
encontrará la voz humana
conservada y augusta recitando
de jeroglíficos y desconcertaciones
iluminadas hasta los vericuetos y salones
donde el viejo asombro se durmiera
para una edad futura.

Se puede ir tras los dioses a sus nidos
con ese largo hilo en laberintos
de astronomías y elucubraciones
para encontrar el Olimpo vacío.

Entonces cuando el mundo trae una gota
en el extremo de sus dedos cálidos
ofrece la explicación de sus encantos.
No es un lenguaje, hay caballos corriendo,
hay corazones y líquidos y flores.
Es como un pájaro dormido entre las nubes
que podemos tocarlo. Acariciarle el ala
y no huirá de nosotros. Será una gota
de luces y de sombras en el mundo.
Pasajero y mortal, florecen en la noche.


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