domingo, 17 de diciembre de 2017

Pon un poco de azúcar
junto a la taza de te.
No escatimes los dones de la tierra
que nos han sido dados
y que quizá mañana añoraremos.
Otras vidas aun padecen sus ausencias.

Pero nosotros, que aquí y hoy
coincidimos de entre todos los mortales,
podemos, media hora, ser felices
al probar una taza de te.

¿Te detuviste ayer a ver tus días?
¿O mañana lo harás, ya por la tarde?
Cuando tengas media hora de vida
que no te ocupen oficios o trajines
detente a buscar entre los árboles
una taza de te.

Para mí con azúcar. El té oscuro.
Una taza sin macula de oro.
Algún pocillo de esos que se olvidan
cuando están viejos y cuando se han quebrado.
Aquí y ahora, uno olvida un rato
lo que duele vivir y haber soñado.
De vivires propios y ajenos,
y de sueños que alcancen a otras manos.

Puede uno, (quizá egoístamente),
salir del universo media hora.


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