lunes, 11 de mayo de 2015

Tengo un escrito hecho que nunca se publica.
Está hecho de vastas palabras asombradas.
Relata una tarde de no hace mucho tiempo
cuando la luz dormía en donde yo me duermo
y todos los silencios se hacían necesarios.

Abarca sinceridades demasiado afiladas,
que pondrían en peligro mi sonrisa ufana
y exhibirían alegres la simpleza del mundo.
Es mejor que no sepan lo que guardo en libretas,
que las hojas no luzcan su bronceado añoso.

Un día esa hoja se pondrá muy antigua
y habrá que transcribirlo a una hoja nueva.
Se perderá entonces mi primera testigo
en la vorágine de la quema y olvido.

Pero su historia extraña, contemplativa y bella
perdurará en los días, más allá de los míos,
hasta llegar al ser que habrá de descubrirla.
No cabe otro destino a tal epifanía.


sábado, 9 de mayo de 2015

Cuando le conquistaron la decencia
y levantaron muros entre su gesto
y el pueblo interminable que ayudaba
su voz atravesó todas las felonías
para cubrir la tierra de paciencia.

Allende vive en la memoria magnificada
donde su gesto parco y el ceño adusto
le configuran una imagen que la muerte
cumple con toda galanura
su último papel de acompañante
para complementar a las palabras.

Allende ya se ha muerto, pero queda
de su presencia gruesa y repicante
como si fuese el mar contra la roca
ese cristal troceado que describe
la violencia final que no se borra.

Se tuvo que morir para que lo siguieran
los justos que no quieren la victoria
sino una paz augusta que nos cubra
a todos los paseantes de la tierra
hasta dormir la guerra en su victoria.

Allende surge de la piedra,
incólume hecho instiga.
Tiene el gesto amplio que imagino al Pacífico.


La infancia no fue bella.
Estaba llena de horas repartidas
en los espacios verdes limitados
por las señoras blancas y doradas
que anunciaban el mundo destinado
para la disciplina y el engorro.

Fue amable en días festivos,
cuando las aulas eran lugares sin motivos
y en alfeizares inalcanzables
las semillas crecían pese al papel y el vidrio
de esos experimentos tan cansinos
que desde entonces sabemos son mentiras.

Tuvo días de gloria y días de invierno.
Del busto corrector y derretido
con el cual Sarmiento perpetuaba
la disciplina regia del pasillo.
Del maestro amable y delicado
que nunca dijo adiós y me ha olvidado.

Tuvo sus invasiones de langostas,
terribles y más grandes que mi mano.
La de entonces, no esta araña torpe.
Tuvo sus gatos, sus patios, sus miserias
como aquella hora maldita de los baños.

No fue la infancia idílica que pintan
los niños mal crecidos que sonríen
y dicen "fui feliz, todo tenía",
porque en realidad eso es mentira.
A muchos yo los vi en la tristeza
del desengaño y la tarea,
cuando nadie venía a rescatarte
de la fracción estúpida incompleta.
A muchos yo los vi entrar por la gran puerta
con la plantilla rota y el guardapolvo,
que la República nos diera como iguales,
amarillo y quebrado en la pobreza
mientras la delicada niña ojos azules
lucía su desprecio, inocente es seguro, pero cierto
desde su puño blanco y puntilloso.
A veces, los 10 años son crueles,
aunque no quieran
decir que era vergüenza.

Es cierto, hubo momentos que nunca renegamos.
Pero también hay sombras y rencores.
Los niños son crueles y sinceros,
es solo cuando crecen que se mienten.

Dejémoslos que digan "años felices",
también nos fuimos tan simples.
Pero hoy ya sabemos que el recuerdo
es una caja inmensa hecha de hierro.


Ya se que es vanidad todo lo que yo digo.
Ya se que la verdad no está en mis poesías
sino que va en otra canción
cortando las gargantas de hombres que no cantan
y que recitan números
exactos y sinceros.
Ya se que soy la voz de la esperanza
y tengo una razón que aquí no alcanza
a más que modelar palabras.
Pero no quiero ser, Pitágoras falseado,
esa cifra que cobra, se duerme, se perpetua,
registra, deja herencias y apenas si se encuentra.
Voy tras una misión
que no recuerdo bien pero me obliga.
Soy corazón, no esgrima
de esta humanidad que se tortura
clavándose espinas con garfios más grandes que la punta.
Pero cuando se callen los que más gritan
nosotros, los estúpidos, quizá tengamos tiempo
de salvar al último conejo.
Quizá tengamos que callarlos.
Mentira era el inicio. Verdad es lo que llevo.
Ya todo lo demás se ha probado a si mismo.


viernes, 8 de mayo de 2015

En el principio Dios creó al gato
y luego el hombre lo mandó al espacio.

Antes ya lo había destinado a las ciudades,
a los callejones y a los aquelarres.
Antes del viaje sideral del gato
este ya había recorrido las hogueras de los monjes,
la turbia marejada de los borrachos callejones.

Cuando ya había conquistado a la nocturna
y establecido su imperio de ratones,
cuando la sensualidad era sabida en su silueta
y toda cosa oscura en su figura,
entonces lo mandaron al espacio
a conquistar la Luna.

Félicette, la bella, la operada,
la gata vagabunda de electrodos,
viajó en un tubo gris hacia una noche
oscura y fría a la que no entendía.

Cuando a la memoria le preguntan
ella no sabe nada del primer gatronauta.
La memoria es humana.
Recuerda al chimpace porque nos remeda,
recuerda al perro porque nunca nos odia,
recuerda a la rata porque nunca nos deja.
A la gata metida en una caja,
con los ojos esquivos y el bigote erizado,
apenas la recuerda.

Los gatos son los hijos del aceite y la piedra.
Pertenecen a un mundo que no comprenderemos.
Ellos no saben de nuestra búsqueda
y viven escondidos mientras vamos dormidos.

Félicette en el cielo con correajes.


lunes, 4 de mayo de 2015

Cortándole el marrón a la corteza
y dándole la forma de los escarabajos
podemos darte ojos iguales y tan bellos.
Si retorcemos las nubes para rasgarlas
y dejar que trabajen tu cabello
tenemos el inicio de este trabajo hecho.
Cuando el sauce dé, resignado, secretos
de como ha resistido flexible la tormenta
su suave persistencia te moldeará las piernas.
Y con una india mansa que teja su hilo basto
para tener tus huesos como un tamiz de luz
nos bastará por hoy, por que la noche sabe
como constituir sus escondrijos suaves.
Entonces la mañana nos dejará hornear
tu piel en este sol de último verano,
y podremos decir, sin pecar de ambición,
que el cuello, la canción que brota de tu boca,
y ese calor que queda sobre tu risa tonta,
nos guarda lo mejor que encontramos.
El mundo anda con vos, humano rescatado.
Mejor no lo perdáis, que sino el corazón
también se perderá tanto trabajo en vano.


Después de un año entero de estar triste
vas buscando en los bares desengaños
y en Internet buscas el daño
que te aflige en la mano de un extraño.

Y aunque te pese el cuerpo das la mano,
perdiendo trozos del espíritu cobarde
que te acorrala en las esquinas de los baños
y te moja la cara en la mentira
de parecer mojado y estar llorando.

Mejor no me busquéis, que vuelvo tarde.
Mejor no me busquéis. Ya no hace falta.
He muerto tarde, anoche, en Antioquía.


Me gusta la humedad, los días de bruma,  las mañanas que llegan tardías y calladas,  los pájaros que duermen hundidos en el tiempo informe d...