No me dejen morir en el ahogo de los hospitales.
Son horribles esas salas monocromas
con luces envenenadas y paredes secretas.
Y los pasillos, los pasillos afónicos
que pasan serenos como moscas.
Y el olor de los muertos que nunca se fueron
y la paciencia pálida de los enfermos.
Nunca es buena la muerte de los hospitales.
jueves, 14 de abril de 2016
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