Reside en ti la altiva soledad
de nuestra especie.
Como un libro, en el silencio
de los años acumulados.
Como una flor
que muere con el alba.
Como un caballo enfermo en la penumbra.
Como un gato que duerme.
Puede la soledad hacerte alto,
erigirte de sí misma entre la gente
te llevará sin que la hayas seguido
desprendiendo tu forma de su forma,
alumbrando tus ojos y tus dientes
con la luz y el silencio.
La soledad te constituye espacio,
te sigue como un perro bientratado,
te ocupa los silencios y el murmullo.
miércoles, 5 de septiembre de 2018
Y yo estaré tan muerto
como ahora lo estás tu.
Sucederá
que un día
inesperadamente como el viento
estaré muerto
dentro de un tiempo difusamente viejo.
Seré olvidado,
me reuniré de nuevo con la lluvia,
me iré desmigando hacia el océano,
y una parte de ti
al fin vendrá a buscarme
accidentadamente
entre los escondrijos del planeta
iremos a la deriva
vagabundos de sal
como un pinguino
o una trepidación continental
nos cruzaremos sin encontrarnos ya.
-Regreso de Quetzalcoalt
"(...) que en mi viaje final escucharé
el ambiguo tañir de las campanas"
Que suerte he tenido de nacer, (Alberto Cortez)
A rebato en un puerto cuando el agua
venga a romper la costa
tocaré la tierra nuevamente
iluminado en mi vejez tardía.
Volveré para ver las viejas piedras
que me esperaron hundiéndose en los llanos
susurrando su amor a las raíces,
alimentándolas de lágrimas antiguas
cuando vieron mi sombra en la distancia.
Tuve que irme, pálido y reseco
escapé de una parte de mi mismo
que reencuentro en tus manos
suavemente dormida y persistente.
Aquí están las piedras derruidas
que suspiran y ruedan sin erguirse;
y la mano del hombre las tomó de su sitio
para alzarlas, talladas como un diente
en la cima plácida de la montaña.
He vuelto, estoy aquí en el tiempo
que ha transcurrido en el espacio del recuerdo
breve y escaso en sus extremos.
Volví con la generación de las tortugas
para ayudarlas a refundar la arena,
para apartar las algas de sus lomos,
constituir de nuevo los primeros refugios
ancestrales que estaban resguardados
el último día que desperté contigo.
He vuelto. Soy la figura que se agobió en tu tierra,
escapé por la orilla occidental del día
y ahora regreso a verte sin avisar que era hoy cuando volvía.
venga a romper la costa
tocaré la tierra nuevamente
iluminado en mi vejez tardía.
Volveré para ver las viejas piedras
que me esperaron hundiéndose en los llanos
susurrando su amor a las raíces,
alimentándolas de lágrimas antiguas
cuando vieron mi sombra en la distancia.
Tuve que irme, pálido y reseco
escapé de una parte de mi mismo
que reencuentro en tus manos
suavemente dormida y persistente.
Aquí están las piedras derruidas
que suspiran y ruedan sin erguirse;
y la mano del hombre las tomó de su sitio
para alzarlas, talladas como un diente
en la cima plácida de la montaña.
He vuelto, estoy aquí en el tiempo
que ha transcurrido en el espacio del recuerdo
breve y escaso en sus extremos.
Volví con la generación de las tortugas
para ayudarlas a refundar la arena,
para apartar las algas de sus lomos,
constituir de nuevo los primeros refugios
ancestrales que estaban resguardados
el último día que desperté contigo.
He vuelto. Soy la figura que se agobió en tu tierra,
escapé por la orilla occidental del día
y ahora regreso a verte sin avisar que era hoy cuando volvía.
lunes, 3 de septiembre de 2018
*El Museo Nacional de Río de Janeiro
se ha consumido entero en un incendio de una sola noche,
este nefasto día del 3 de Octubre de 2.018.
Estamos tristes
por el incendio de ese palacio carcomido,
que no nos pertenecía
y que nunca habíamos visto.
Estábamos tristes la primera vez
que leímos la historia de Alejandría iluminada
y las cenizas de aquella antigüedad ardida.
Y estábamos tristes el día
en que los leones de piedra del desierto
fueron dinamitados y partidos
y sus tablillas volvieron al silencio
de las piedras innumerables
de Mossul.
Nicaragua se encierra de nuevo
en su dolor irreconciliable,
Argentina está partida al medio,
Venezuela pierde gente en sus fronteras,
y Perú se inclina bajo la pobreza,
Chile no termina de entenderse,
México tiene un verde brotecito de alegría
ingenua bajo sus manos quemadas por el ácido.
De entre tanta desgracia uno elige,
casi al azar, toma una porción y la retuerce,
hasta que quedan apenas piedrecitas,
esquinas de miseria,
cenizas de papeles.
Y la tristeza segura del olvido.
Una parte del mundo la perdimos,
como al morir un gato.
Esta tristeza viene de muy antiguo,
y no nos pertenece. Es como un río.
Trae consigo el infortunio y la melancolía
de las obras que no serán eternas.
De la muerte que toca el cuerpo y la voz,
y la mano y la letra,
y las piedras
en las vitrinas calcinadas.
lunes, 27 de agosto de 2018
Ha muerto la elefante
en la ciudad del Plata. Se arrodilló y no quiso levantarse.
Ya nunca más se alzará del polvo
su cabeza inclinada y dolorida
entró en el sueño de la muerte muda
sin saber que era hoy cuando moría.
La vejez la encontró enjaulada y sola,
encerrada en el miedo, tensa en el dolor
no quiso echarse para aguardar el sueño
hasta que el aire se convirtió en ceniza.
La hallaron viva entre la maleza,
amanecida y nueva como un arbusto gris;
y ahora está muerta entre las piedras.
El hierro cayó de sus tobillos murmurando
la paz y el frío de la elefante muerta.
Ahora la sepultarán en su jardín perfecto
de rincones medidos y árboles sin sombra
se olvidará su espacio en la Tierra.
Ya no habrá quien la espera, quien venga a verla
adormecida en el peso de su tiempo.
Y justo ahora, que estaba preparada
la larga espera de la muerte vino
a poner fin sin tiempo a remediarlo.
Quedó solo una caja improvisada,
su camino a la selva recobrada,
su futuro esfumado en la llanura.
Quedó solo el reclamo anidado en el viento
que solloza y la llama entre las ramas
con el nombre original de la criatura.
Pero ya no. Ya nunca más verán su sombra en la llanura.
Ha muerto la elefante en Sudamérica
presa y dolida como una flor cortada.
en la ciudad del Plata. Se arrodilló y no quiso levantarse.
Ya nunca más se alzará del polvo
su cabeza inclinada y dolorida
entró en el sueño de la muerte muda
sin saber que era hoy cuando moría.
La vejez la encontró enjaulada y sola,
encerrada en el miedo, tensa en el dolor
no quiso echarse para aguardar el sueño
hasta que el aire se convirtió en ceniza.
La hallaron viva entre la maleza,
amanecida y nueva como un arbusto gris;
y ahora está muerta entre las piedras.
El hierro cayó de sus tobillos murmurando
la paz y el frío de la elefante muerta.
Ahora la sepultarán en su jardín perfecto
de rincones medidos y árboles sin sombra
se olvidará su espacio en la Tierra.
Ya no habrá quien la espera, quien venga a verla
adormecida en el peso de su tiempo.
Y justo ahora, que estaba preparada
la larga espera de la muerte vino
a poner fin sin tiempo a remediarlo.
Quedó solo una caja improvisada,
su camino a la selva recobrada,
su futuro esfumado en la llanura.
Quedó solo el reclamo anidado en el viento
que solloza y la llama entre las ramas
con el nombre original de la criatura.
Pero ya no. Ya nunca más verán su sombra en la llanura.
Ha muerto la elefante en Sudamérica
presa y dolida como una flor cortada.
Fueron todos ellos preparados
para la paz y la furia de la lluvia
en los bosques antiguos, en los prados
eran las generaciones esperadas.
Pero no pudieron llegar
que fueron capturados en los caminos
y en los claros se abrieron bocas oscuras
susurrantes de oscuridades.
La infancia salvaje se despeñó en sus voces,
fue levantada por los aires
desmayada o inundada de miedo
entró en el largo muro del presidio.
Así acabó la edad del elefante
y comenzó su viaje por el mundo.
Los puertos lo expulsaron de la India
para siempre exiliado,
vagó por la plenitud del mar
y llegó a costas quebradizas, de arenas y de piedras inesperadas.
Las multitudes se reunieron a esperarlos
como gritos de milagros y de ferias
tocaron la sombra milenaria de la bestia.
Por ese toque no pudo desprenderse nunca,
preso del asombro y la codicia impura
deambulando en la infinita luz de los zoológicos
el elefante perdió la paz y la sabiduría,
descubrió el amplio dolor de las rodillas,
abandonó el rumiar de la ternura,
se desplomó en la luz de la apatía.
No pudo liberarse, el hierro se aferró a sus patas
murmurando canciones olvidadas
lo adormeció en la celda lentamente.
para la paz y la furia de la lluvia
en los bosques antiguos, en los prados
eran las generaciones esperadas.
Pero no pudieron llegar
que fueron capturados en los caminos
y en los claros se abrieron bocas oscuras
susurrantes de oscuridades.
La infancia salvaje se despeñó en sus voces,
fue levantada por los aires
desmayada o inundada de miedo
entró en el largo muro del presidio.
Así acabó la edad del elefante
y comenzó su viaje por el mundo.
Los puertos lo expulsaron de la India
para siempre exiliado,
vagó por la plenitud del mar
y llegó a costas quebradizas, de arenas y de piedras inesperadas.
Las multitudes se reunieron a esperarlos
como gritos de milagros y de ferias
tocaron la sombra milenaria de la bestia.
Por ese toque no pudo desprenderse nunca,
preso del asombro y la codicia impura
deambulando en la infinita luz de los zoológicos
el elefante perdió la paz y la sabiduría,
descubrió el amplio dolor de las rodillas,
abandonó el rumiar de la ternura,
se desplomó en la luz de la apatía.
No pudo liberarse, el hierro se aferró a sus patas
murmurando canciones olvidadas
lo adormeció en la celda lentamente.
miércoles, 15 de agosto de 2018
(...)
o aquella vez que estábamos sentados asombrados
más solos en el mundo que una columna rota.
*
Son preguntas que nunca fueron nuestras,
pero nos las encontramos a la vera de Dios
donde responden a lo que Dios se calla (todavía).
Quizá un día él se levante y nos elija para contestarnos.
Puede pasar, (si peores cosas han sucedido
aunque se había pedido lo contrario),
que venga una respuesta
a tu fe y a mi fe que está en la duda,
a mi curiosidad por las marismas
y a tu ambición por una vida
que ya no sea tuya
sino que pertenezca a un orden material
como un alivio o una respiración en la ceniza
que no nos sepa a sal y a miserias.
O quizá la luz que nos crece en los ojos
cuando buscamos corazones claros.
Yo me distraigo hablando solo,
mencionas datos que vienen desde fuera.
A cada pregunta nos ha de faltar tiempo.
Pero es tan bueno como una cría de rata
que tu asombro florezca todavía:
así de nuevo, y duro, y de bello y terrible.
o aquella vez que estábamos sentados asombrados
más solos en el mundo que una columna rota.
*
Son preguntas que nunca fueron nuestras,
pero nos las encontramos a la vera de Dios
donde responden a lo que Dios se calla (todavía).
Quizá un día él se levante y nos elija para contestarnos.
Puede pasar, (si peores cosas han sucedido
aunque se había pedido lo contrario),
que venga una respuesta
a tu fe y a mi fe que está en la duda,
a mi curiosidad por las marismas
y a tu ambición por una vida
que ya no sea tuya
sino que pertenezca a un orden material
como un alivio o una respiración en la ceniza
que no nos sepa a sal y a miserias.
O quizá la luz que nos crece en los ojos
cuando buscamos corazones claros.
Yo me distraigo hablando solo,
mencionas datos que vienen desde fuera.
A cada pregunta nos ha de faltar tiempo.
Pero es tan bueno como una cría de rata
que tu asombro florezca todavía:
así de nuevo, y duro, y de bello y terrible.
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