No me acuerdo tu nombre. Lo perdí
quizá la tarde aquella que escuché mi nombre
y ya consciente de orgullos y dolores
no me di vuelta a responder.
Si me acuerdo tu enroscada figura
que a vos misma parecía estar sujeta;
y las mañanas frías en la plaza
cuando ibas vestida con neblina
de la edad y el desencanto hecha.
Pero tu nombre se me perdió hace tiempo
y no recuerdo más cuando extravié
dentro de mi niñez tus ignorados ojos.

Lo único que recuerdo es tu rostro difuso
y tu paso de anciana en el parque en invierno;
porque ya no me acuerdo la forma de tu habla.
Como otras tantas cosas me olvidé tu nombre,
y te recuerdo apenas caminando en invierno.
Y un día, cuando viejo definitivamente,
al borde de la edad volveré a verte caminando
como esa mañana que hacía frío y eras otra
caminando entre árboles sin mirar alrededor.
¿A dónde ibas, abuela, ese día de invierno?


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