¿Qué esperan?
Yo soy ese que descubre que puede cuando ya no podía.
Como quisiera saber lo que es preciso,
aquello que es correcto y necesario.
No tener que caminar en círculos.
Soy como el peregrino que, preso en laberinto,
no tiene siquiera el consuelo macabro
de que el mítico monstruo ponga fin a sus penas.
Camino vagamente,
vagando hacia el Poniente.
Perpetuo acosador de la alegría.
martes, 28 de enero de 2014
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