Cuando las florerías exhiben su belleza
el aire huele a muerte. Cadáveres de flores.
Como momias, perfectas pero muertas.
Ninguna abeja busca sus refugios de polen.
domingo, 14 de agosto de 2016
Se quiere más a todos, después de que se han muerto.
Entonces aparece sobre su cara blanca
la Luna bondadosa de los aventurados
y el aire de sus manos se transforma en nostalgia.
Lo mismo me ha pasado con los que se alejaron
y en la distancia y tiempo es mejor recordarlos
con esos buenos gestos aunque sean inventados.
El olvido construye él solo sus secretos.
Entonces aparece sobre su cara blanca
la Luna bondadosa de los aventurados
y el aire de sus manos se transforma en nostalgia.
Lo mismo me ha pasado con los que se alejaron
y en la distancia y tiempo es mejor recordarlos
con esos buenos gestos aunque sean inventados.
El olvido construye él solo sus secretos.
domingo, 7 de agosto de 2016
Como me aburre tu belleza hueca
y tus brazos inútiles bajo el sol que se esfuerza
por encontrar aristas en las cuales brillarnos.
Así tu rostro pálido me aburre y el verano,
que ya llega y se mece en las nubes,
se parece a tu gesto abstracto y cotidiano.
Ya toda tu belleza se consume en sí misma.
Pero a veces tus ojos se despiertan y miran
como tallo paciente que en la tarde florece.
Solo a veces tu rostro no parece una mascara
y la antigua destreza del agua en tu boca
se arremolina y toca lo que queda del tiempo.
Como me aburre, y tanto, tu belleza vacía
como una caracola de la que ha huido el viento.
Creí que más allá existía una extensión
donde se levantaban los restos de tu espíritu
y que al mirar tus ojos podría atestiguarlo.
Pero no ha sido así, no se llega a la cueva
de donde sale el viento solo yendo en su contra.
Mas allá de tus ojos no encontré caracoles.
y tus brazos inútiles bajo el sol que se esfuerza
por encontrar aristas en las cuales brillarnos.
Así tu rostro pálido me aburre y el verano,
que ya llega y se mece en las nubes,
se parece a tu gesto abstracto y cotidiano.
Ya toda tu belleza se consume en sí misma.
Pero a veces tus ojos se despiertan y miran
como tallo paciente que en la tarde florece.
Solo a veces tu rostro no parece una mascara
y la antigua destreza del agua en tu boca
se arremolina y toca lo que queda del tiempo.
Como me aburre, y tanto, tu belleza vacía
como una caracola de la que ha huido el viento.
Creí que más allá existía una extensión
donde se levantaban los restos de tu espíritu
y que al mirar tus ojos podría atestiguarlo.
Pero no ha sido así, no se llega a la cueva
de donde sale el viento solo yendo en su contra.
Mas allá de tus ojos no encontré caracoles.
¿A donde huyeron los poetas de antaño,
los vacíos de esperanza, los necesitados?
Dónde se fueron nuestros generales derrotados,
nuestros prohombres ilustres y exiliados.
Nuestros asesinos condecorados bendecidos.
No huyeron a Tahití o a la mítica China.
Marcharon hacía Europa, con sus banderas envueltas
y la mirada inquieta del buscado.
Si hasta de gente América sangra cuando quiere
purgarse de sus buenos o malos dictadores.
Después de todo hijos somos de aquella madre infame.
Y a ella volvemos cuando nada nos queda
más que la soledad de los destinos
y la condena quemante de la letra
que hemos almacenado hasta doblarnos.
Del fuego hasta las islas somos un gigantesco archivo,
una monumental colección de maravillas
malditas, derruidas, conquistadas, nacientes
como el sol de cada día.
Así que huimos, a París, Berlín, Madrid.
Que glorias tan gastadas y tan inútiles
se llevan en valijas escondidas.
Cuanto oro les fluye por el cauce.
Cuantos caminos del Atlántico son ahora cicatrices.
los vacíos de esperanza, los necesitados?
Dónde se fueron nuestros generales derrotados,
nuestros prohombres ilustres y exiliados.
Nuestros asesinos condecorados bendecidos.
No huyeron a Tahití o a la mítica China.
Marcharon hacía Europa, con sus banderas envueltas
y la mirada inquieta del buscado.
Si hasta de gente América sangra cuando quiere
purgarse de sus buenos o malos dictadores.
Después de todo hijos somos de aquella madre infame.
Y a ella volvemos cuando nada nos queda
más que la soledad de los destinos
y la condena quemante de la letra
que hemos almacenado hasta doblarnos.
Del fuego hasta las islas somos un gigantesco archivo,
una monumental colección de maravillas
malditas, derruidas, conquistadas, nacientes
como el sol de cada día.
Así que huimos, a París, Berlín, Madrid.
Que glorias tan gastadas y tan inútiles
se llevan en valijas escondidas.
Cuanto oro les fluye por el cauce.
Cuantos caminos del Atlántico son ahora cicatrices.
Como extraño Julio cuando llueve.
Julio con sus árboles severos,
de ramas y sarmientos oscurecidos
por la frialdad austera de la tierra.
Me gusta la lluvia cuando viene
sosegada y tranquila en la costumbre
de liberar la melancolía de los relojes.
Y los gorriones, mirándonos helados
desde sus mínimos ojos piensan a escondidas
la tristeza infinita y antigua de los fríos.
Julio con sus árboles severos,
de ramas y sarmientos oscurecidos
por la frialdad austera de la tierra.
Me gusta la lluvia cuando viene
sosegada y tranquila en la costumbre
de liberar la melancolía de los relojes.
Y los gorriones, mirándonos helados
desde sus mínimos ojos piensan a escondidas
la tristeza infinita y antigua de los fríos.
viernes, 5 de agosto de 2016
"Me habéis preguntado que hila el crustáceo entre sus patas de oro
y os respondo: el mar lo sabe."
Canto General: El gran océano. Los enigmas -Pablo Neruda
El mar lo sabe, todo y desde hace largo tiempo,
pues a él han ido los ríos desde antaño
y arrastraban arena, oro, huesos de elefantes.
Antes del despertar del hombre el mar bebía
lo que escapa del corazón sediento del baobab
y atravesando el lomo calcinado parte los caminos de la tierra.
Baila buscando alcanzar las nubes y el sol
que la mira caminar. El paso gordo de las aguas
como los hipopótamos dormidos.
El mar lo sabe. A él le llegan las espinas disueltas
de las acacias y de los peces muertos.
A el le llegan las sinuosidades del mercurio
como carne y madera derruida.
Los atunes en las distancias del océano lo llevan en las entrañas
y ante la voracidad de los hombres se lo ofrecen.
Desde el mar vuelve el mercurio a la tierra.
En nuestras venas corre nuevamente, y el mar lo sabe.
Pues él lo sabe todo, es tan viejo
como la palidez de las estrellas y el corazón de acero de las piedras.
Todo lo sabe el mar, ninfa variante
que a si misma repite la forma de las olas
mientras recibe todos los sabores de la tierra.
Vamos a él buscando eternizarnos y acabamos perpetuos.
Allá, en lo profundo de su espacio y donde se yergue solo la soledad
ni los cangrejos marcan territorio.
Allí solo la soledad hace su nido y a todo expulsa,
pero el mar permanece escondido en sí mismo.
Se susurra encantos olvidados y se acuna las manos extensas.
Una sombra deforme late y corre sobre sus fondos ignorados.
miércoles, 3 de agosto de 2016
Por eso llovió así. No fue culpa del Diablo.
Llovió sobre la rabia callada del cemento
con ese gesto brusco del agua cuando llora
y nos dejó mirándolos en silencio.
A la lluvia y el sol sobre el cemento.
Si a usted yo la he querido tanto,
¿porqué a los dos nos acontece esto?
Fue como una rosa de verano,
como amapola que tiembla al deshojarse.
Nacen para morir y son eternas
mientras el viento les sople en el talle.
Pero que digo. Usted no era una rosa, era una gata.
Perdóneme estos desvaríos de poeta
y déjame además que esta ocasión la trate de Señora.
No es por elegancia, Usted sabía
que aquello no era falsa. Era cariño.
A Usted, Señora mía, se la ha querido
como se quiere al viento de la tarde.
Como se quiere a la tormenta nueva,
que aunque llegue enojada y que te arañe
viene con agua y nada malo viene
del agua. Usted en su espíritu lo sabe.
Y entonces, si la he querido tanto,
¿por que a los dos nos acontece esto?
Usted que marcha hacia ninguna parte
para formar aquellos mis recuerdos
en la figura ilusa de las nubes.
Y yo que quedo lloriqueando
como cachorro que ha quedado sin luna.
No se confunda. Miro todavía
la rama de los árboles buscando
aquellas sombras hechas de ternura
que me alegraban tanto cuando eramos
los dos más jóvenes. Tan bellos.
Todavía miro la rama y digo todavía
porque algún día me habré olvidado
esta tristeza que ahora no me deja
verla refleja solo en la memoria.
Tan cerca todavía del cariño.
Ha de pasar entonces este infausto
y volverá una tarde la paciencia.
Pero estará lejana tu presencia.
Todo será una nostalgia bella.
Llovió sobre la rabia callada del cemento
con ese gesto brusco del agua cuando llora
y nos dejó mirándolos en silencio.
A la lluvia y el sol sobre el cemento.
Si a usted yo la he querido tanto,
¿porqué a los dos nos acontece esto?
Fue como una rosa de verano,
como amapola que tiembla al deshojarse.
Nacen para morir y son eternas
mientras el viento les sople en el talle.
Pero que digo. Usted no era una rosa, era una gata.
Perdóneme estos desvaríos de poeta
y déjame además que esta ocasión la trate de Señora.
No es por elegancia, Usted sabía
que aquello no era falsa. Era cariño.
A Usted, Señora mía, se la ha querido
como se quiere al viento de la tarde.
Como se quiere a la tormenta nueva,
que aunque llegue enojada y que te arañe
viene con agua y nada malo viene
del agua. Usted en su espíritu lo sabe.
Y entonces, si la he querido tanto,
¿por que a los dos nos acontece esto?
Usted que marcha hacia ninguna parte
para formar aquellos mis recuerdos
en la figura ilusa de las nubes.
Y yo que quedo lloriqueando
como cachorro que ha quedado sin luna.
No se confunda. Miro todavía
la rama de los árboles buscando
aquellas sombras hechas de ternura
que me alegraban tanto cuando eramos
los dos más jóvenes. Tan bellos.
Todavía miro la rama y digo todavía
porque algún día me habré olvidado
esta tristeza que ahora no me deja
verla refleja solo en la memoria.
Tan cerca todavía del cariño.
Ha de pasar entonces este infausto
y volverá una tarde la paciencia.
Pero estará lejana tu presencia.
Todo será una nostalgia bella.
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