sábado, 22 de febrero de 2014

Algo maravilloso tienen los cachorros.
Nos recuerdan que el mundo no nos pertenece.
Nos ayudan a olvidarnos de la angustia
de la mortalidad y el miedo.

Algo siniestro tienen los insectos
cuando brilla la luna en sus caparazones
emanan volutas de suspiros y temblores
como fantasmas presos
en la eternidad fingida del recuerdo.

Tal vez no fue prudente que se nos revelara
ignorantes del creador inamovible
y de la razón perpetua y trascendente
los secretos del átomo y el verso
del caminar cansino de las bestias
del río interminable que difunde la marcha
fugaz y eterna de los peces.

Tal vez debieron impedirnos que eleváramos el rostro
por encima del agua virginal hacia la estrella
y la diferenciáramos del reflejo.

Tal vez aun podamos ser salvos
y absolver al mundo de la culpa que escondimos en sus mares
y el mal con el cual carcomemos sus entrañas.

Pero tal vez tampoco debimos convertirnos
en esto que ya somos.


Me gusta la humedad, los días de bruma,  las mañanas que llegan tardías y calladas,  los pájaros que duermen hundidos en el tiempo informe d...