Tengo un escrito hecho que nunca se publica.
Está hecho de vastas palabras asombradas.
Relata una tarde de no hace mucho tiempo
cuando la luz dormía en donde yo me duermo
y todos los silencios se hacían necesarios.
Abarca sinceridades demasiado afiladas,
que pondrían en peligro mi sonrisa ufana
y exhibirían alegres la simpleza del mundo.
Es mejor que no sepan lo que guardo en libretas,
que las hojas no luzcan su bronceado añoso.
Un día esa hoja se pondrá muy antigua
y habrá que transcribirlo a una hoja nueva.
Se perderá entonces mi primera testigo
en la vorágine de la quema y olvido.
Pero su historia extraña, contemplativa y bella
perdurará en los días, más allá de los míos,
hasta llegar al ser que habrá de descubrirla.
No cabe otro destino a tal epifanía.
lunes, 11 de mayo de 2015
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