Después de todo, ¿a donde es que íbamos tan rápido?
si afuera llueve y la ciudad se desintegra
amarilla y quemada por la pena,
por el sol que las hojas nos reflejan.
No estamos destinados a salvar los días.
Somos los pasajeros de la barca,
pero no los oficiales ni los mapas.
Cuando corríamos, como ciervos estúpidos,
perdimos el oriente por seguirlo
y tanto nos costó esta deriva
que lleva su final sobre si misma.
¿Que estúpida ilusión nos demoraba?
Si las promesas brillan media hora
y el Chaco siempre rompe con las olas.
domingo, 17 de mayo de 2015
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