Él es el hombre que me desagrada.
La bestia enorme sedienta de placeres
a la que el arte no le sirviese nada.
Busca en el suelo madrigueras y huesos
porque ignora el lenguaje de los hongos.
Ha sido construido en nuestra especie
pero ningun destelle se le quedó en los ojos,
donde duerme ese hambre de codicia.
No tiene corazón, no tiene estómago,
no tiene lengua, orejas, cabellera.
Es puro barro y uñas caminando
que cuando muera se abrirá en desidia
porque toda la luz no lo ha alcanzado
y la penumbra lo repugna.
Especie vana y rota. Abre la boca
y el viento no entrará en tu voz.
No hay palabra que pueda retratarte
cuando lo demás puede alzar flores,
y cachorros, y torres, y floresta
que en los espacios del mundo han crecido.
Es el hombre cotidiano e inútil de las ciudades
que se despierta y come sangre ajena,
el que bosteza frente a la belleza y a la muerte
porque mínimo y cruel no alcanza a conocerlas.
Refugiado en su sal endulza el aire
con el humo aceitoso del deseo.
En su mano el talle de una flor pierde destino,
una mujer es una hembra abierta,
un cachorro es dolor y aburrimiento.
lunes, 16 de octubre de 2017
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Me gusta la humedad, los días de bruma, las mañanas que llegan tardías y calladas, los pájaros que duermen hundidos en el tiempo informe d...
-
Creo que no persiste nada de tu condición original. La jaula cotidiana te ocupa cada hora y despiertas y duermes dentro de su pasiva somb...
-
El amor es una extraña coincidencia. Estoy seguro que es la forma natural de la quiniela. Pero puede ser bello y hasta honesto cuando v...
-
Apresúrate, padre, a perdonarnos porque la eternidad se nos acaba. Disculpa la sangre que nos cubre, ahuyenta el dolor que nos persigue....
No hay comentarios:
Publicar un comentario