Imagina un fantasma que se cruce la calle
con los puños violetas un martes por la tarde
cuando el sol es un gordo bajá de las alturas.
Salga desde el cemento de un almacén,
y dos autos se estrellen en la orilla,
una señora se espante al descubrirlo
y alguien haga un video tambaleante.
Salga del almacén, por que es más viejo
que los demás edificios de la calle,
con una gabardina puntillosa derruida,
guantes de cabritilla ceñidos en el puño,
y una mancha sin luz junto a la nuca.
sábado, 15 de abril de 2017
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