Se creó la ballena de las piedras
y ella abrió sus fauces como una grieta
inmensa de la tierra
para tragarse al sol que se caía,
y se llenó los ojos de ternura.
Pero la tierra no pudo sostenerla,
al aire le faltaba sitio.
Levantó sus gruesos pilares como alas
y espantó el viento de los colibríes.
Así la tierra la tomó entre sus manos
y dando vueltas la arrojó en las olas
como una gigantesca maravilla.
Caía la ballena a través de la Luna
y los peces al verla se reían.
Se transformó en aleta,
en la garganta profunda del océano.
Entre todos los dioses vinieron a llevarla.
Entre todas las manos de la tierra
alzaron la ballena como una calabaza,
y la arrojaron libre sobre la piel del agua.
Más serena y más propia que los pulpos,
su corazón lleva el ronco sonido del mar.
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