Quisiera el hombre, quiere
ser bandoneón y hormiga,
que sus brazos se pierdan en dos alas.
Añora el hormiguero sabio del insecto
que le ha parecido pacífico y voraz.
Quisiera el hombre, quiso
tejer sus telarañas de raíces
y hacerse viejo junto con el cielo
sin dejar de crecer y de morir
en cada otoño con una cara nueva.
Quisiera el hombre, quiere
buscarse una armadura de secretos.
Se cubre con ceniza de volcanes,
con sangre de caballos y tristeza.
Erguido sobre el agua se quisiera.
Quisiera el hombre, quiso.
Reverencias y tigres se destiñó en la piel.
Hundió los dedos ávidos en tierra
pero se le escapaban las hormigas
y tanta gloria ajena no le sirvió de nada.
Quedó desnudo, a la piedad del algodón silvestre.
Se miraban las manos y caían las garras;
se fue volviendo ajeno y solitario y blando.
Desde el maíz vino bondad y carne.
Yéndose al sol iban mujeres y hombres
con gatos que seguían sus pasos, interesados.
viernes, 23 de septiembre de 2016
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