En esta época,
tan precisa y exacta,
tan costumbre y tan nuestra,
amarillean los fresnos sobre la costanera.
La ciudad se ha extendido,
ocupando la costa
junto al río su ronca voz de hierro y piedra
se halló de pronto
cansada y aburrida alzó los ojos
hacia el adusto gesto del Chaco fronterizo
que ha venido a beber en la otra orilla.
Parece más antigua
y más extraña, en su costumbre
que esta noche alivia solo el aire
por alzarse delicado y suave
sobre los edificios encendidos.
Le pertenece toda luz y ánimo,
todo color brillante, todo grito agrio
de un automóvil que avanza en sus caminos.
Aún el puente se abre en colores
de este lado del río.
De este dolor de instantes agrietados
emergen los fresnos amarillos
murmurando sonrisas en el viento.
lunes, 25 de junio de 2018
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Me gusta la humedad, los días de bruma, las mañanas que llegan tardías y calladas, los pájaros que duermen hundidos en el tiempo informe d...
-
Quiere erguirse en la tarde y esperar la lluvia, sabe que el Otoño vendrá por los caminos azules de silencio. Yo tengo alma de árbol, ...
-
Miércoles de cenizas que de fiebre y ahogo está hecho, que en el asco se encuentra. Miércoles de ceniza. Me arden tanto las cejas, due...
-
El amor es una extraña coincidencia. Estoy seguro que es la forma natural de la quiniela. Pero puede ser bello y hasta honesto cuando v...
No hay comentarios:
Publicar un comentario