Voy a perderte en la ciudad. Un día
no me devolverá tus ojos pálidos
para que pueda yo estar asombrado
de la belleza que aún nos queda en la tierra.
¿Cómo voy a encontrarte en la ciudad?
Ella toma tus ojos y vierte dentro
su aridez de metal y de cemento,
en el espasmo del dolor cotidiano
te dejó sus espinas sin encanto.
Y cuando duermas y cuando estés despierto
y cuando te hayas consumido y yerto
sobre la piedra estés junto a extraños
no podré rescatarte para mis días
que siempre han sido de los más fugaces.
Voy a perderte un día. Será el último
que no sabré cuando te despidas
y nada de mi fe pueda guardarte
como una rosa seca en un libro.
O un perfume en un frasco.
Extendida y hecha una sola la ciudad te tomará
para sí reservará tus hábitos y espacios.
Te llevará en sus dedos sin mirarte
utilizando tu voz junto a sus muros,
construirá sus futuros con tu cuerpo.
Te llenará los ojos de cansancios.
Te habrá muerto la sangre sin un verso.
Te apagará toda luminaria
porque es cruel y fría como un cuerno.
Avanzará en ti como una araña,
solo sabe de sed y de ceguera.
Ella no puede verte, cuando el árbol
te cobija en su sombra y una sombra mas
en mitad de la noche eres apenas.
Pero queda en el aire tu iluminada risa,
el aroma a cachorro y tierra húmeda,
la calabaza gris de tu tristeza.
viernes, 21 de julio de 2017
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