No dejes que tus dedos se olviden del piano.
Ese mínimo encanto que se encierra en tu puño.
Porque yo se que has sido, si no de vocación tal vez de oficio,
músico, practicante, aprendiz de sonido.
Y tus dedos delgados se quiebran cuando hablas.
Tal vez aún recuerden las teclas cuando duermen.
Pero se te olvida que vas, cuando la música,
perdiéndote en el viento y el vibrar.
Y el puño se te duerme en el olvido.
lunes, 3 de noviembre de 2014
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