Ya soy de nuevo yo.
Cuanto ha costado
volver a reencontrarme con la lluvia
y con mi vieja estufa que persiste
como si se quemara los arrestos.
Ya soy débil y gruño entre la niebla,
tengo las manos ásperas y duermo
sin que me espere el tiempo.
Hay horas de paciencia y silencio,
de murmullos vacíos,
de ausencias necesarias.
Estoy solo y es hermoso el invierno.
viernes, 27 de junio de 2014
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