Persisten, ajenas al diluvio y la certeza,
allí donde el filósofo las niega,
a donde reza el hombre antes del sueño.
Debajo de las piedras, sosteniendo las puertas,
más allá de todo lo alcanzable.
En donde solo llegan el frío y el silencio.
Son aquello que nunca encontraremos,
el tesoro de nadie, la pasión de ninguno.
Acaso sean lo único que sabe el ignorante.
Contradicción, misterio, respuesta sin pregunta.
La existencia más vana de toda la existencia.
Si acaso se reflejan en la mirada fría de los gatos.
martes, 26 de noviembre de 2013
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