sábado, 4 de enero de 2020

Los dioses ayudaron a que el mundo se armara
empujando las luces y las piedras,
descubrieron la risa del aceite,
como crecen las hojas y envejecen,
dieron forma al chillido del cachorro.
El gato es un bocado de lo extraño
que fue cultivo y tiempo entre los hombres.
Su aliento de criatura y sus ojos de piedra
son las cosas extrañas que uno encuentra
cuando sale a vagar por la espesura.
Allí, donde el cubil teje su sombra,
halló el primero un gato fresco
y lo llevó consigo.

Cuando tengas un gato
te quedarás mirando como la noche cubre
su ausencia y sus regresos.
Consentirás sus mínimos atisbos de bestia insatisfecha
y lograras que vibre dormido en tu regazo.

Tener un gato ayuda a entender lo felices
que Adán y Eva fueron dentro del Paraíso.


lunes, 16 de diciembre de 2019

Dicen que Dios no existe,
pero a mi se me aparece.
Sale desde las sombras de los árboles,
tan cubierto de polvo que parece viento,
murmurando canciones que ya nadie recuerda
pero él no ha olvidado.
Creo que no olvida nada.
Cada cosa recuerda, detalles infinitos
que nunca sucedieron
puede reconstruirlos
y asombra como sabe la forma de una piedra,
una piedra oscura que alguien halló hace mucho,
le dio forma de ojo,
la puso en una estatua
y luego se ha perdido.
Él la recuerda.
Un día me contó como fue el primer árbol,
garabato incompleto,
grito derramado.
Recordaba ese árbol que fue desenredándose
desde el nudo de la semilla
y alcanzó la altura justa para tener sombra
entre las piedras y los escorpiones.

Hoy empezó la tarde lloviendo, y no ha venido.
Debe estar acomodando nubes
para que los colores del cielo sean los necesarios.

Su memoria infinita acomoda las nubes,
distribuye los cabellos del sol sobre la aurora,
acomoda el calor entre las piedras
y llama a los lagartos del verano
que salgan a cumplir amaneceres.
Dios solo, como un viejo
que los hijos se fueron
visita cada esquina de su patio
y riega la tristeza de un arbusto
les habla a los ladrillos
de cada uno recuerda como era
y a cada uno promete que este año la lluvia
les lavará las flores.

Dios ha olvidado el tiempo
de las ramas ardientes,
no puede más de viejo,
le duele la cintura si se sienta en un trono.
Los ángeles volaron hace mucho.
Su ropa se ha teñido de verde,
lleva el vasto sombrero de un cabello desnudo,
bajo las uñas guarda las formas de la tierra
y cuando el sol se acerca demasiado
este anciano incompleto, derramado en los campos,
incompleto y perdido
se reclina en los dedos del viento.
Ahora los perros cuidan la eternidad, felices sin saberlo.


martes, 12 de noviembre de 2019

Yo soy un gato de la calle.
Nací de noche bajo un puente
y tengo tres hermanos
del mismo color.

Yo soy un gato de la calle.
Toda mi vida es este barrio.
Si usted me deja una moneda
yo le termino esta canción.

Yo soy un gato de la calle.
No como en platos ni uso piedras.
Nunca he dormido en un balcón.
Si hace calor en las palmeras
y si hace frío en un galpón,
duermo en cualquier rincón que sea
de mi jurisdicción.

Yo soy un gato de la calle.
Nunca he vivido bajo techo.
pero de noche y si está fresco
seguro escuchan mi canción.
Me gusta andar en las veredas,
mojarme el lomo con la lluvia
¿Señor, me deja una moneda?
y le repito esta canción.

Yo soy un gato de la calle...


sábado, 9 de noviembre de 2019

Con esta lluvia salen los caracoles.

Cuando uno vive rodeado de cemento
olvida que en el mundo viven los caracoles.

Ellos salen desnudos, benditos por la lluvia,
son felices en este jardincito prisionero
que nadie ha reclamado todavía
y que ellos habitan en silencio.

Su amplia virtud de estar y ser felices,
de aparearse y dejar nidos repletos de futuros
los mantiene escondidos todavía.
No ambicionan recuperar los patios que compramos
y comerse el cemento y agrietar las columnas con sus huevos.
Es primavera así que solo quieren comer hojas,
remojarse la cáscara y el vientre,
competir con el sol por cada brote.

Pueblo de diminutas estadías,
campesinos esforzados,
fantasmas de un camino de plata,
corazones de agua,
caracoles delgados y pacientes
la lluvia ha venido hoy para ustedes.


Amar es sufrir un poco
la incontinencia del amor
lo renovado
de la maravilla
lo perdurable del pequeño asombro
y lo ingrato de la extinción sabida,
porque vendrán las horas sin amores
que no quieran guardarse en los bolsillos
aquello que quisimos
y tal vez afortunadamente conseguimos
en todo o un poquito.

Pero quien ama afronta la penuria
de saber que no dura,
nada es eterno.
Toda razón aguarda para el día
en que nos falte amor y sobre tiempo.

Amar sin miedo a nada es el remedio
y los remedios son como los humos
de un drogadicto ansioso.
Amar desesperadamente es medio amor,
amar tonta y confusamente,
amar solo desnudo y no aprender
amores vestidos, amores distanciados,
amores de a trocitos incompletos,
rompecabezas de amores que nos hemos permitido tomar prestados.

Quien ama sabe que un día le será reclamado
lo que amó y no es bueno llorar por anticipo
y quizá no sea bueno llorar por terminado.
Quizás no durará pero el amor dura,
porque uno lo toma de un pasillo
o de una ventana o de un rescoldo
y lo lleva consigo
en la costumbre
y lo riega de a ratos y lo deja dormido en lo soleado.
Así el amor crece, se hace ancho,
prospera, duerme con sonido, abre la boca y ríe.
Amar es bueno, y no amar ha de ser muy aburrido.
Amar es necesario, a veces, y el noamor es la espalda del miedo.



viernes, 25 de octubre de 2019

ah, del hastío,
flor emponzoñada
que ha crecido desnuda oliendo a polvo
en la vasta extensión de la pereza.
Nada se le parece, nada iguala
su peso erizado
madero caluroso
humareda agria.
Sale de cada sitio
ocupa cada palabra
todo, todo es igual debajo de su muerte.
Es un pájaro que cayó del nido
y le salen hormigas de los ojos.
Lo último certero es que ya nunca
tocará otra vez la piel del viento.

Pájaro muerto y rudo
de plumas aceitosas
con un aroma a hojas restregadas.

Queda la irritación anudada en los tobillos.
Solo
la muerte
nos librará de esto


jueves, 17 de octubre de 2019

Yo no soy
mas que el espacio entre dos letras,
estoy aquí aguardando los finales.
Luna de malos brillos,
diosa sin tetas,
espuma que no ha engendrado a nadie.
Tengo los dientes afilados de tanto entrechocarse.
Dolor sin tregua, corazón tan muerto,
donde no crece nada estoy despierta
tan alerta como una liebre viva.
Llevo los hilos tirantes en los dedos.


Me gusta la humedad, los días de bruma,  las mañanas que llegan tardías y calladas,  los pájaros que duermen hundidos en el tiempo informe d...