Bajaron las palomas a la calle
para mirarse en el charco de la esquina,
y se bañaban como señoras gordas
en la luz ceniza de la orilla.
Eran siete palomas, a cada cual más bella,
a cada cual mas sola y fresca
que se bañaban encrespadas y locas
por el húmedo rastro de la lluvia.
Eran siete las palomas solas
bañándose en la huella de la lluvia.
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