No habléis de mi cuando ya me haya ido.
No servirá de nada entonces la memoria.
Las personas olvidan demasiado temprano
y resguardan los muertos en grisáceos cuadros
donde pueden ser tristes y adorados.
Perdonan al ausente, justifican sus duelos,
elaboran mentiras con restos de verdades.
Descubren las virtudes que poco se notaron.
Como el retrato que pierde sus colores,
fenecen inocentes las palmas y las flores.
El duelo se convierte en un olvido gris,
como un largo otoño que solo se termina
cuando mueren las hojas que lo compusieron.
Entonces se diluye en la memoria
el rostro, las palabras, las mínimas acciones
de los que ya no están y a los que no recuerdan.
sábado, 12 de abril de 2014
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