Tus ojos me han puesto triste hoy
y me he quedado así.
Como quiero decirte que lo siento.
Que si puedo ayudarte, ayudaría.
Me has dado vuelta el corazón dormido
y me he quedado triste y desvelado.
Hoy he sentido tu tristeza y tu orgullo,
y tus heridas.
Esas lagrimas que nadie había notado
tuve que verlas yo y han despertado
mi corazón dormido en la ironía.
domingo, 4 de agosto de 2013
Juntemos los negritos, los asiáticos,
los cantos de los últimos siux.
Recolectemos la voz de los ancianos,
los gritos de las jóvenes favelas.
Habrá canastas llenas de extraños y de nombres.
Una especie de O.N.U., caótica y burda.
y habrá que comenzar, sin listas,
con pocos protocolos.
Tal vez hasta nos descubramos parecidos.
Un poco diferentes, solo lo suficiente;
para no acostumbrar y sorprendernos.
Ya verán, que tremendo quilombo.
El desastre que haremos alcanzará para ordenar el mundo.
Tal vez hasta podamos conseguir que nos perdonen
las ballenas.
Tal vez hasta apaguemos Hiroshima.
Tal vez, con esforzarnos algo, podemos conseguir la absolución
de Pablo, de Mahatma, de Martin Luther King y de Madiba.
Y sonreirán todas las estatuas de Bolívar.
Hay que matar el hambre en Somalia,
mirar con malos ojos las guerrillas,
hacer como que no sabemos el arte de la guerra.
Y si, eso también. Dejarlo en claro:
Tío Rico no es modelo para niños.
El río bajo el puente está muriendo.
Y apenas comenzaron los deshielos.
Madiba está muriendo.
Se nos agota el tiempo.
Hay que correr, gritar cuanto se pueda.
Ya se carcome el tiempo de la espera.
Hay que parar las balas,
antes de que alcen vuelo.
los cantos de los últimos siux.
Recolectemos la voz de los ancianos,
los gritos de las jóvenes favelas.
Habrá canastas llenas de extraños y de nombres.
Una especie de O.N.U., caótica y burda.
y habrá que comenzar, sin listas,
con pocos protocolos.
Tal vez hasta nos descubramos parecidos.
Un poco diferentes, solo lo suficiente;
para no acostumbrar y sorprendernos.
Ya verán, que tremendo quilombo.
El desastre que haremos alcanzará para ordenar el mundo.
Tal vez hasta podamos conseguir que nos perdonen
las ballenas.
Tal vez hasta apaguemos Hiroshima.
Tal vez, con esforzarnos algo, podemos conseguir la absolución
de Pablo, de Mahatma, de Martin Luther King y de Madiba.
Y sonreirán todas las estatuas de Bolívar.
Hay que matar el hambre en Somalia,
mirar con malos ojos las guerrillas,
hacer como que no sabemos el arte de la guerra.
Y si, eso también. Dejarlo en claro:
Tío Rico no es modelo para niños.
El río bajo el puente está muriendo.
Y apenas comenzaron los deshielos.
Madiba está muriendo.
Se nos agota el tiempo.
Hay que correr, gritar cuanto se pueda.
Ya se carcome el tiempo de la espera.
Hay que parar las balas,
antes de que alcen vuelo.
sábado, 3 de agosto de 2013
-¿Podrás perdonarme, Señor?
susurra el viejo.
Está muriendo desde el silencio
lúgubre y desmadejado
que amana como un hálito
pegajoso y crujiente.
-¿Podrás perdonarme, Señor?
musita al viento,
cuando este se estanca sobre la mortaja.
Tiene miedo,
memoria de una vida arrastrada.
Ha vivido mucho mas que sus años,
tiene viejos los huesos desde antaño.
Es un resto de hombre que se agota,
una lumbre perdida y vacilante
aferrada con tenazas de alambre
a la vana miseria que lo mata.
-¿Podrás perdonarme, Señor?
¿Podrías?
susurra el viejo.
Está muriendo desde el silencio
lúgubre y desmadejado
que amana como un hálito
pegajoso y crujiente.
-¿Podrás perdonarme, Señor?
musita al viento,
cuando este se estanca sobre la mortaja.
Tiene miedo,
memoria de una vida arrastrada.
Ha vivido mucho mas que sus años,
tiene viejos los huesos desde antaño.
Es un resto de hombre que se agota,
una lumbre perdida y vacilante
aferrada con tenazas de alambre
a la vana miseria que lo mata.
-¿Podrás perdonarme, Señor?
¿Podrías?
Una araña es un monstruo monstruosamente feo.
Asquerosa y reptante, con patas de veneno.
Quien sabe que dios la ha soñado.
Que pesadilla se regodeo en su forma.
Que malvado designio culmino en su vida.
*
La vida, esa maravillosa prostituta de formas,
también esta en los monstruos
y en sus sombras horrendas.
*
Y la araña que repta, se desliza, se trepa
es un monstruo cualquiera
con su sombra y su forma.
Y la vida la impulsa.
Asquerosa y reptante, con patas de veneno.
Quien sabe que dios la ha soñado.
Que pesadilla se regodeo en su forma.
Que malvado designio culmino en su vida.
*
La vida, esa maravillosa prostituta de formas,
también esta en los monstruos
y en sus sombras horrendas.
*
Y la araña que repta, se desliza, se trepa
es un monstruo cualquiera
con su sombra y su forma.
Y la vida la impulsa.
viernes, 2 de agosto de 2013
Me aterran la noche y las estrellas
cubriéndome como una capa rota.
Los arboles me acechan y las sombras
desnudan mis temores y me juegan.
Tanto miedo tengo que me tiemblan
los pasos, se me borran los contornos
y, al dormir, me cubro hasta los ojos.
Perdona si no avanzo, pero tiemblo
cuando miro el camino que me falta.
Tengo temor, perdón, aun de quererte.
Mira cuan grande es esta desgracia
cubriéndome como una capa rota.
Los arboles me acechan y las sombras
desnudan mis temores y me juegan.
Tanto miedo tengo que me tiemblan
los pasos, se me borran los contornos
y, al dormir, me cubro hasta los ojos.
Perdona si no avanzo, pero tiemblo
cuando miro el camino que me falta.
Tengo temor, perdón, aun de quererte.
Mira cuan grande es esta desgracia
Está bien, ya me rindo
y capitulo, ante tu fas dormida
mis manos y banderas.
No apures,
por último favor a mi insolencia,
con tu suave silencio de impaciencia,
mi confesión final y mi derrota.
Espérame callando unos momentos;
ya llegará segura tu victoria.
No me mires así, no me prejuzgues.
No es que seas culpable o inocente.
Aunque es por igual tu merito y tu culpa.
Pero mi corazón, tallado en piedra,
ayer latió tan fuerte que hoy me aterra
hasta tu voz, hasta tu cercanía.
Hasta el brillo del sol sobre tu cabellera.
Es que al final, me has derrotado.
Y, aun en la derrota, enamorado.
y capitulo, ante tu fas dormida
mis manos y banderas.
No apures,
por último favor a mi insolencia,
con tu suave silencio de impaciencia,
mi confesión final y mi derrota.
Espérame callando unos momentos;
ya llegará segura tu victoria.
No me mires así, no me prejuzgues.
No es que seas culpable o inocente.
Aunque es por igual tu merito y tu culpa.
Pero mi corazón, tallado en piedra,
ayer latió tan fuerte que hoy me aterra
hasta tu voz, hasta tu cercanía.
Hasta el brillo del sol sobre tu cabellera.
Es que al final, me has derrotado.
Y, aun en la derrota, enamorado.
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