miércoles, 4 de julio de 2018

Hoy saludé a un perro.

Un perro en una esquina se paró y nos miraba,
como nos miran siempre los perros que no ladran.
Parecía cachorro. Tenía la nariz rosa
y le cabía la mañana en los ojos en calma.

Yo iba por la calle, cruzándome de esquinas,
y le extendí la mano buscándole la paz,
(Los monos de otra tierra se saludan igual.)
y el perro, este cachorro que no llegara al año,
dejó caer su lengua sobre mi anillo gris.

Han sido días de otoño, apáticos al sol.
Yo cruzaba la calle y un perro sonrió.


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