martes, 6 de marzo de 2018

Como la flor de la cebolla eres:
blanca, nueva, e insospechada.
Que no imagina uno hallarla
y entre las hojas asoma su ternura.

Tanta es la fuerza de la costumbre
que obliga a adivinar en las cebollas
solo su tallo rebosante y húmedo,
apenas y quizá una hoja alta.
Pero en los campos, más allá del hombre,
su estrella pálida se alza.

De la cebolla, como una cancioncilla,
surge la columnata verde y calma
arriba, arriba, el cielo de las hormigas
se abre en una coronada primavera.

Como esa flor, así de original,
de primigenia, de suave y de salvaje eres.
Mira como he venido entre los campos,
y esta pena de no querer herirte.


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