sábado, 22 de julio de 2017

No llores, Pancho, no llores. Van a volver
porque ya son las nueve
y ella vuelve cuando el sol se pone
y el viene detrás cuando es de noche.

Así no llores, Pancho, no llores.
Peores penas tienen otros perros
que quedan en cadenas atrapados
y se marchitan y se descomponen.

Tu voz de adolescente reclamando
no corresponde a tu falsa miseria.
Lagrimas de cocodrilo son aquellas
que lloran, por caprichos, falsas penas.

No llores, Pancho, no llores
media hora echado frente a la puerta.
No es esa una prisión ni una cadena,
ni ha sido menos dura tu condena.
Afuera de tu diente redimido otros esperan
su mala hora que venga.

Y cuando salgas a correr de nuevo
él te traerá tu ruidosa botella
y ella desde la puerta. Ambos te miran
como al hijo que quizá nunca tengan.

No llores, Pancho, no llores.
Te han puesto nombre, y posesiones.
Nadie toca tu collar de paseo
sin tus gruñidos. Nadie viene a mojarte
como este invierno que hay en la calle.

Es media hora de melancolía,
hasta que vuelvan él y ella.


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